El dramático caso de un chico electrodependiente que conmovió a Tinelli

Joaquín, de dos años y medio, no puede vivir un minuto sin energía eléctrica. Sus padres no pueden pagar la nueva tarifa. Ellos y otros piden un precio especial para esos casos. Pero la aguja del Estado no se mueve…

El texto de Marcelo Tinelli en Twitter tiene apenas tres palabras:
“Luz para ellos”.

Pero es un grito tan angustiado como conmovedor.
Vayamos hacia atrás…
A un país dividido.
Una mitad solidaria, y otra mitad burocrática e insensible.
La Argentina.
Joaquín Stefanizzi, de dos años y medio, vive en Lomas de Zamora con sus padres, Mauro y Mayra, y un hermano menor.
Prematuro, llegó al mundo a las 27 semanas pesando sólo 700 gramos y con gravísimas secuelas: daño cerebral irreversible, visión escasa, y electrodependiente.

Para entender el caso con la crudeza que exige: sin el aparato eléctrico que lleva oxígeno a sus pequeños pulmones día y noche (las 24 horas), muere en uno o dos minutos; testimonio de Facundo Ferro, abogado de la familia.
Antes del aumento de tarifas, la factura de electricidad de la familia Stefanizzi era de 300 pesos.
Pero trepó a 2.200.
Cifra inalcanzable para Mauro, que gana 11 mil pesos como empleado de comercio y debe, además de sostener a su familia, mantener el cuarto de Joaquín en condiciones especiales.
Al conocer su caso, muchas almas nobles le ofrecieron dinero. Pero Mauro fue realista y tajante: “No quiero plata porque pago este mes… ¿y después? Porque lo de Joaquín es crónico”.
Después de la factura de 2.200 pesos –para ellos, una puñalada–, Mauro empezó una cruzada para conseguir tarifa social: largos trámites con el ENRE y el Ministerio de Desarrollo Social…
Pero mientras llovía una catarata de llamadas de ayuda, incluida la de un abogado que ofreció gratis sus servicios, el Gran Demonio Burocrático, que es grande y pisa fuerte, sacó sus uñas…
Según Mauro, lo llamaron de la empresa Edesur: “Querían constatar los datos, y nos preguntaron si teníamos grupo electrógeno. Silencio. Les pregunté si nos iban a dar un equipo electrógeno, me dijeron que iban a comunicarme con otra persona, y esperé en vano. Se cortó, y no volvieron a llamarme”.
La última vez que los Stefanizzi sufrieron un corte de electricidad que duró… ¡cinco días!, debieron llevar a Joaquín a la casa de su abuela. De lo contrario, hubiera muerto…
Antes de estos avatares, Mauro publicó una desesperada carta en Facebook. La tituló “¿No fue suficiente?”, y en el párrafo más dramático recordó: “Ya afrontó cuatro operaciones; entre ellas, hígado y corazón, y sigue luchando por su vida en el Hospital Español (…) Lo vi cortado, invadido, con cables, pinchado, operado, pesando menos de un kilo, y obligado a permutar brazos, caprichos y afectos por agujas, morfina y dolor (…) Sólo quiero gritarle al mundo que me quiero llevar a mi hijo a casa. ¡Basta de pruebas!”.
Pero habría peores pruebas.
Las fauces del Gran Dios Burocrático son implacables.
Porque ese Dios es una máquina que no piensa: actúa.
Sin consideración alguna, sin la menor imaginación, EDESUR intimó a la familia a pagar la deuda acumulada (5.535, 76). Clarísimo: “Pague o le cortamos el suministro”. En menos palabras: “Pague, o su hijo muere”.
Según Mauro, “la empresa ni siquiera ofreció un plan de pago”.
Con detalles insólitos. La primera vez le negaron la tarifa social porque Mauro tiene un auto… ¡del año 2014!, a pesar de que debió vender el lavarropas para afrontar la primera factura con aumento.
Pero Joaquín no es el único chico electrodependiente.
Hay en el país más de cien familias en la misma situación.
Por eso, no hace mucho, llevaron su protesta a la calle con la consigna cuyo guante recogería Tinelli: “Luz para ellos”.
Porque además del drama, otros peligros acechan a sus hijos.
Viven en un país sujeto a cortes de electricidad crónicos.
Conseguir un grupo electrógeno que actúe inmediatamente es una misión imposible.
Son muy caros, y el Estado, si los provee, se toma un largo tiempo.
¡Ah, los trámites nacionales!
Paradoja. Mauro, en uno de sus escritos por Facebook (https://www.facebook.com/mauro.ezequiell), recordó que “la provincia de Buenos Aires sancionó la ley 14.560, que categoriza a las personas como Joaquín electrodependientes por cuestiones de salud, y señala la necesidad de que estas personas cuenten con el equipamiento necesario –grupo electrógeno– para recibir energía, el cual deberá ser provisto por el prestador en forma gratuita. Y por otro lado la necesidad de individualizar los medidores de las viviendas donde residan los categorizados, para aplicar un tratamiento tarifario especial, que no es la tarifa social”.
Es decir: el problema estaba contemplado y resuelto.
Porque Mauro y los otros padres sólo ruegan por ese tipo de tarifa: menor a la social (que ya la tiene), en consideración a un drama que no sólo es dolor perpetuo.
También altos costos.
Mauro lo dejó claro hace muy poco: “No soy un choriplanero. No pido dinero. Sólo pido Derechos Humanos para mi hijo y todos los electrodependientes. Dignidad, simplemente”.
Pero las vueltas de tuerca no se agotan.
Edesur, como único rasgo sensato, le pidió perdón a Mauro por la intimación y la amenaza de corte.
Pero tras el perdón, el mazazo.
Le advirtió a los padres de Joaquín que habrá cortes, y que en ese caso deberán llevar a su hijo a un centro médico.
Mauro terció: “En ese caso, manden un grupo electrógeno”.
Respuesta: “El aparato que usa Joaquín no tiene batería. En caso de corte, no funciona. La empresa no entrega grupo electrógeno. Les mide el oxígeno en kilovatios”.
Sobre llovido, mojado.
Último consejo de Edesur: “Bajen el consumo”.
Algo ya imposible para la familia.
Los Stefanizzi presentaron un amparo el 4 de julio en el Juzgado Civil Comercial Contencioso Administrativo Federal Número 3 de Lomas de Zamora, secretaría 9 a cargo del doctor Auge.
Tan largo el nombre como inútil la respuesta: “Antes de resolver la medida cautelar solicitada, previamente deberán acreditar haber hecho todo el procedimiento ante el Ente Regulador de la Electricidad (ENRE), porque en derecho administrativo hay que agotar primero la vía administrativa y recién después la vía judicial”.
Blablablá.
Blablablá.
Uno de los grandes talentos nacionales.
Mientras, una o más vida están en juego.
Por eso Tinelli lanzó su úkase, su S.O.S., su Mayday, Mayday.
Con apenas tres palabras.
“Luz para ellos”.
Tres, sí.
Pero más valiosas y profundas que todas las vertidas por el Gran Dios Burócrata para que nada ni nadie interrumpa su siesta eterna.

Joaquín con sus padres, viendo la gran final del “Bailando”
Los padres de Joaquín también le enviaron una carta a Mauricio Macri por el caso de su hijo

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