El rock no necesita disfraz, Charly García tampoco

Hay personas que contienen multitudes. Charly es uno de ellos: puede ser el rockero más grande, un transgresor impredecible, un niño sensible, un genio sin precedentes. Todos ellos conviven en una muestra titulada “Los ángeles de Charly”, con fotos de Andy Cherniavsky, Nora Lezano e Hilda Lizarazu, que lo muestra sin disfraces. La entrada es libre y gratuita.

“No hace falta disfrazar el rock”, dice Elio Kapszuk en la arcada de ingreso al Palais de Glace. Claro que no hace falta. ¿Por qué hacerlo? ¿Ímpetu comercial? ¿Ansias masificadoras? ¿Acaso no sobra con ver a Charly García en el escenario apoyando sus raquíticos dedos sobre el órgano o flexionando las rodillas mientras rasguea una Fender Stratocaster? Charly García tiene eso de lo que la gran mayoría de los mortales carecen: actitud. Elio Kapszuk es el curador de la muestra Los ángeles de Charly, una exposición artística que cuenta con 200 fotografías que tomaron Andy Cherniavsky, Nora Lezano e Hilda Lizarazu del rockero más grande de la Argentina. Afuera, Recoleta se derrite de humedad.
“La idea era tomar el contexto y darle un espíritu circular, porque cuando vos terminás de recorrer la muestra, podés volver a empezar”, le dice a Infobae Kapszuk mientras sus dedos señalan los rincones del habitáculo redondo. Las paredes están repletas de fotos en tamaño póster, lo mismo con las paredes externas del cuarto que está en el medio. En principio, es como caminar por un pasillo que dobla a la derecha –si es que uno comienza por la izquierda– y vuelve a comenzar. En el medio hay un cuarto: al entrar, unas luces ochentosas forman el logo de Say no moreen el techo y dan, a los cuadros también ahí dispuestos, una iluminación en rojo que recuerda la fase más border de Charly: la de Influencia y la de Rock and Roll Yo, la bisagra entre milenios y el fin del mundo.
Los ángeles sólo quieren rock
Además del objeto fotografiado –el hombre transgresión, su fuego y actitud– está el sujeto que fotografía: el artista que mira y captura, que está presente en el instante y lo vuelve eterno. Los ángeles de Charly. Chicas locas, malas, descontracturadas. Sólo quieren rock. Pero del bueno, del que no hace falta disfrazar. Las tres también hablaron con Infobae. “Ser una pluma de estas alas me alegra el corazón”, comenta Hilda Lizarazu. Sombrero, falda, botas, excentricidad cool. “Esto es parte de la cultura del rock y del patrimonio cultural de la Argentina, y también de Iberoamérica, porque Charly García trasciende”. La muestra intenta capturar una imagen más cotidiana del rockero que dio vuelta la música en español, alumbrar allí, en su normalidad, algo prácticamente imposible, porque Charly es todo menos normal. “Decime qué es normal, Charly es único, y dentro de esa unicidad están sus canciones”, concluye Hilda.

“Estoy emocionada y llorosa –comienza Andy Cherniavsky, moviendo sus rulos de un lado hacia el otro–, para mí es rememorar mi vida. Yo soy una persona terriblemente desmemoriada que ve sus propias fotos para saber dónde estaba y qué hizo en ese momento. Pero esto es una memoria para todos, una memoria de la cultura del rock argentino. Es uno de los mejores trabajos que hice en mi vida porque nos supera en generaciones, en historia; nos supera y dura para siempre”. Las fotos de Andy no sólo muestran al Charly que todos conocemos, también tienen un efecto multiplicador porque potencia esa imagen de estrella de rock, del tipo que es un genio y lo sabe, y le vale madre qué opina el resto. ¿Acaso la genialidad no está también en no depender de los aduladores? “Para esta muestra nos juntamos tres miradas, no tres generaciones, sino más bien tres puntos de vista. Nosotros somos los ángeles y él es dios”, dice entre risas.

Nora Lezano tiene un vestido que parece estar pintado por el mismísimo Charly, allá por los años 2000 cuando todo lo que pasaba por su departamento recibía un chorro de pintura o un poco de aerosol. “Nos hicieron la propuesta del Ministerio de Cultura de la Nación y nada… fue un sí unánime”, dice con su inmensa sonrisa. “Estar con estos dos ángeles y homenajear con lo que mejor sé hacer, que son las fotos… hurgar con el archivo de la vida y encontrarme con todas estas cosas de Charly fue un laburo hermoso. Lo que pasa es que él ya es un personaje transgresor, no sólo su vida, también en las fotos. Lo quisimos mostrar en su cotidianeidad: comiendo en un restaurante, cruzando la calle entre los transeúntes”. ¿Bajarlo del pedestal? Imposible, basta con ver la foto en uno de sus shows rebasados de gente tocando la guitarra, no con una púa, ¡con la llave de su casa! Esa era su extraña normalidad.
Todos los Charly conviven
“Un ciclo de vida no cronológico –explica Elio Kapszuk–, una especie de storyboard donde va sucediendo al mismo tiempo el principio y el final y donde necesita ser completado por aquel que la está viendo en función del Charly que tiene en la mente. Si sos más chico, tu Charly es el último, y si sos más grande, el Charly anterior. Todos esos Charly conviven (…) Algo fantástico de las tres es que escaparon a fotografiar eso que es la trasgresión pura, el chistecito. Y generaron belleza. En la primera foto de Andy – Kapszuk señala la pared de la izquierda, la imagen que abre la muestra–, Charly está con un pianito. Y es eso: es la locura de Charly cotidiana. El concepto de normalidad”.

“No sólo un fanático de la música o de Charly tiene que venir a ver esto. Todos tienen que venir, porque es una muestra fotográfica preciosa –dice Andy antes de despedirse–. Además están todos los Charly de la vida, ¿viste? Lo que pasa es que Charly es desafío, Charly es energía pura”, y revolea los ojos hacia arriba, como intentando acompañar sus palabras con un gesto de inmensidad. Energía pura. Entrar al Palais de Glace, ver todas esas fotos imponentes, categóricas, que dan cuenta de las diferentes épocas que atravesó, no sólo Charly, también el país, la sociedad, los espectadores que asisten a la muestra. Sí, Charly es energía pura. Que nunca se acabe.

* Los ángeles de Charly
Fotos de Andy Cherniavsky, Nora Lezano e Hilda Lizarazu
Curaduría de Elio Kapszuk
Palais de Glace – Posadas 1725, CABA
Entrada gratuita

 

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