Vamos a quedarnos en Mar del Plata hasta que nos traigan el submarino

Lo dijeron los familiares de 15 tripulantes de la nave perdida. Siguen en la base naval esperando novedades. Y piden que no cese la búsqueda.

Mar del Plata 14-12-17 familiares del ARA San Juan en la puerta de la base foto: Fabi‡n Gastiarena

Hace un mes que María Morales no sabe qué día es. Desde el miércoles 15 de noviembre, fecha de la última comunicación del ARA San Juan, la madre del cabo principal Luis Esteban García vive “pausada, como anestesiada”, sin entender lo que pasa a su alrededor. Recién anteayer, al ver que una amiga había subido a Facebook una postal navideña, se dio cuenta de que el calendario marcaba diciembre y que las fiestas se acercaban. No le importó demasiado: no tiene nada que celebrar. A María, al igual que al resto de los familiares que todos los días se acercan a la base naval de Mar del Plata esperando alguna novedad sobre el paradero del submarino desaparecido y sus 44 tripulantes, lo único que le interesa es que le traigan a su hijo de vuelta.

“Vamos a seguir viniendo. No queremos que se termine la búsqueda”, dice a su lado Marcela Moyano, esposa del suboficial primero Hernán Rodríguez, jefe de máquinas del San Juan. Marcela, docente, ejerce el rol de vocera del grupo que resiste en Mar del Plata. El miércoles participó en el Congreso Nacional de la reunión que los familiares tuvieron con legisladores.Allí pidieron la creación de una comisión bicameral investigadora “para llegar a la verdad” de lo ocurrido con el buque. “Estuvo muy bien. Pudimos presentarnos y manifestar nuestro dolor. Sentí que nos escucharon”, explica a Clarín Moyano.

A diferencia de los políticos que la recibieron en Buenos Aires, la mujer no se siente contenida por las autoridades de la Armada. Como gran parte de los familiares, Marcela cada vez confía menos en los superiores de su marido, a los que acusa de mentir: “Acá todos los mediodías nos leen un parte frío y después les hacemos preguntas que nunca saben responder. Se filtran informaciones en la prensa que primero desmienten y más tarde terminan admitiendo. No entendemos estos manejos”.

Lo mismo opina Daniel Polo, padre del cabo primero Daniel Alejandro Polo, de la división armas del submarino. El hombre, jujeño, cree que les ocultan información. “¿Cómo puede ser que haya superpotencias participando del operativo y no los puedan encontrar? A mí no me van a conformar diciendo que se perdió. Yo de acá no me muevo hasta que me traigan a mi hijo. No me importa mi trabajo, no importa nada. Así como lo mandaron me lo van a tener que traer”, agrega Polo, quien desde el 17 de noviembre vive junto a su esposa en el hotel céntrico que la Armada les consiguió por tiempo indeterminado. Su mujer, explica el hombre, en la casa de su hijo no se puede quedar: “Todo le recuerda a él. Este mes pasamos días muy difíciles. Los peores fueron cuando nos dijeron que hubo una implosión y cuando anunciaron que se terminaba la fase de rescate”.

Sobre el cuello de Andrea Mereles, la mujer del suboficial segundo Ricardo Alfaro Rodríguez, cuelga una cadenita con las figuras de sus dos hijos. Fue la mayor, una adolescente de 16 años, la que en la mañana del 17 de noviembre le avisó que en Internet decían que el submarino en el que su papá era cocinero estaba desaparecido. En ese momento empezó el calvario. Andrea llegó a pasar noches enteras en la base naval. Y pese a que ya casi no le quedan esperanzas, la mujer, misionera, todavía se niega a hacer el duelo: “No lo voy a hacer hasta que me traigan las últimas evidencias. No sé si ya los encontraron y nos mintieron. Pero yo de acá no me muevo hasta que me traigan algo”. A su hijo menor, de 7, recién le pudo contar una verdad matizada días atrás. Y el nene le rompió el corazón: con toda la inocencia, le pidió a su papá que se apure porque sino “se iba a perder la Navidad”.

A medida que pasan los días, la presencia mediática y civil en las puertas de la base naval va decreciendo. Incluso muchos familiares de los tripulantes, con compromisos que atender en sus ciudades de origen, abandonaron Mar del Plata durante las últimas semanas. Por eso Morales, angustiada, pide que no “los dejen solos”. “Antes esto estaba lleno. Hoy somos pocos y ya casi no vienen periodistas. Parece que hay otros temas que prevalecen por sobre 44 vidas que no están. Necesitamos que nos acompañen para que esto no quede en el olvido. ¿Por qué cada vez hay menos barcos en la búsqueda? Esto se pone cada día más duro”, agrega la mujer, con la voz quebrada.

Si bien en las últimas horas había trascendido la versión de que florecieron diferencias entre las familias respecto a cómo la Armada lleva a cabo el operativo de búsqueda, Polo dice que están todos “unidos con un único fin”. Moyano asiente: “Hemos formado una familia. Nos escuchamos y nos contenemos unos a otros. Algunos se han ido y otros eligen el silencio como forma de manifestar dolor, pero todos somos respetados”.

Esta tarde, a las 16, los familiares marcharán desde la base naval marplatense hasta la catedral local. Luego, a las 19, se reunirán en la Plaza Colón con banderas y fotos de los tripulantes. Su intención es que haya manifestaciones similares a la misma hora en Plaza de Mayo y “todas las plazas del país”. El reclamo es único: que no dejen de buscar a los 44.

 

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