Julia Roberts, la novia fugitiva que por fin encontró el amor

Es la actriz mejor paga del cine y una de las preferidas del público, pero puertas adentro no lograba ser feliz y vivía huyendo de cada relación; hasta que llegó Danny Moder, el hombre que le robó el corazón

“Solo soy una chica, parada enfrente de un chico… pidiéndole que la ame”. Con esta frase, Anna Scott ( Julia Roberts ), una gran estrella del cine se declaraba a William (Hugh Grant), el propietario de una tienda de libros en el barrio que le daba nombre a la película, Notting Hill. Y así, en esa escena que todos amamos y recordamos, Julia hablaba un poco de su propia historia. Esa frase de remera, representaba la búsqueda del amor, la necesidad de estabilidad, de conseguir algo tan simple y complejo a la vez: alguien sobre quien descansar. El ícono de las comedias románticas, la chica de la sonrisa adorable, la mujer éxito que cuenta pocos fracasos entre sus más de 40 películas, la actriz mejor paga que llegó a cobrar hasta 25 millones de dólares por una película, sólo quería que la amen.

 

El imán Roberts es tan poderoso que no sólo la convirtió en una de las actrices preferidas de todos los tiempos, sino también, la llevó a romper varios corazones, con un recorrido amoroso tan atractivo que se podrían escribir varias crónicas y todas serían interesantes. Es que la actriz, de 50 años, que fue nombrada cinco veces como “la mujer más hermosa del mundo” por la revista People (la última vez fue durante 2017) enamoró a los más lindos, sin embargo, siempre estuvo huyendo de sus galanes. “Yo era mi prioridad, una mocosa egoísta que corría por ahí haciendo películas”, reconoció en una entrevista que dio el año pasado a Harper’s Bazaar.

Sin embargo, llegó el refugio que tanto buscaba. Casada desde hace 15 años con el director de fotografía Danny Moder y madre de tres chicos (los mellizos, Hazel Patricia y Finn Walter, y Henry Daniel), dejó atrás los escándalos que supo protagonizar en los ’90, aminoró la marcha laboral (sólo hace proyectos que le interesan mucho y no participa prácticamente de eventos sociales) y su mejor plan es contarles cuentos a sus hijos. De súper estrella a esposa y mamá, el papel que había esperado toda su vida.

 

Amada y odiada
Lo tenía todo: carisma, fama, dinero, poder, los hombres más codiciados a sus pies, pero no lograba ser feliz. El vacío era inmenso. No era un hecho arbitrario, hay cosas que el dinero no puede comprar y siempre le tocó cargar con peso extra en su mochila. Julia Fiona Roberts nació el 28 de octubre de 1967 en Smyrna, una pequeña localidad del estado de Georgia, en Estados Unidos. Es la hija menor de Walter Roberts, actor y vendedor de aspiradoras, y Betty Lou, trabajadora de una agencia inmobiliaria y actriz. La pareja se divorció cuando ella tenía cuatro años y la familia se desmembró por completo. Su hermano mayor, Eric (también actor) se fue a vivir con su padre, mientras que ella y su hermana Lisa se quedaron con su madre, que se volvió a casar y tuvo otra hija, Nancy. Su padrastro, Michael Motes, del que nunca habla, era alcohólico e incluso, dicen que abusaba de ella cuando bebía.
A los 17 años juntó sus cosas y se fue con Lisa a Nueva York, allí las esperaba Eric. Era 1985. Ella soñaba con ser veterinaria, pero su hermano le consiguió los primeros papeles y algunos trabajos como modelo, aprovechando su sonrisa y su metro setenta y cinco. Pronto fue ella la famosa y eso enfrió la relación entre los hermanos. La remató cuando tomó partido por su cuñada en el divorcio de Eric, atestiguando a su favor y pagando un abogado para que ella pudiera quedarse con la tenencia de Emma, la hija de ambos. Él no volvió a hablarle. Se reconciliaron en el funeral de su hermanastra Nancy, que se suicidó con una sobredosis de drogas, en febrero de 2014. Antes, dejó un mensaje para la famosa de la familia: “Solo quiero que sepan que la llamada favorita del público americano es una zorra”, señaló Motes desde Los Ángeles, donde días después aparecería muerta en la bañera del departamento de su prometido. “¿Quieres ser el fan de alguien tan cruel? Ni siquiera es tan buena actriz”, escribió usando su cuenta de Twitter.

John Dilbeck, el cuñado de Julia, reveló que Nancy había sido “una chica insegura y con sobrepeso, algo que siempre le marcaba su hermana. Era un alma torturada, creció a la sombra de una superestrella. Adoraba a Julia pero se volvió cada vez más resentida hacia su hermana por la manera en la que se comportaba con ella”. Y aseguró que, además, dejó una carta de cinco páginas que, de trascender, arruinaría para siempre la carrera de la estrella que había intentado ayudarla sin suerte, sugiriendo centros de rehabilitación. Fue un golpe durísimo para la actriz.
Tampoco varios de sus colegas le perdonaron ser linda y exitosa. De hecho, hacen fila para criticarla debido a sus desplantes y actitudes de diva antipática. Vanity Fair reveló una lista de estrellas que se han declarado como firmes detractores de la eterna mujer bonita, entre ellos Meryl Streep, Catherine Zeta-Jones, Hugh Grant, Nicole Kidman, Mel Gibson, Anne Hathaway y Steven Spilberg, quien juró nunca más volver a trabajar con ella. Ella jamás respondió a las críticas ni dejó de trabajar. El éxito en las boleterías, nunca se alteró.

Novia fugitiva

Si bien tuvo muchos novios (Liam Neeson, Dylan McDermott, Daniel Day-Lewis, Matthew Perry, Benjamin Bratt, entre otros) y tuvo un fugaz matrimonio con el cantante de música country Lyle Lovett, el capítulo más escandaloso y bizarro de su vida lo protagonizó junto a Kiefer Sutherland. Mucho antes de protagonizar la película Novia Fugitiva, se escapó de su propia boda a 72 horas de concretarse. Todo estaba listo para el gran día: las flores, la comida, las damas de honor y los invitados. Incluso su traje de novia, con una larga cola que podía desmontarse para convertir el modelo en una pequeña minifalda para disfrutar del carnaval carioca, pero nadie pasó a retirarlo. Tres días antes del gran día, Julia se fugó a Irlanda con el también actor Jason Patric, hasta entonces amigo de Sutherland. ¿Qué pasó en el medio?

La pareja había coincidido en Línea mortal (1990). Pronto, la relación dentro de la pantalla se afianzó también fuera de ella. Fueron portadas de diarios y revistas, cada paso era retratado por los paparazi. Julia, que venía bien de abajo, acababa de explotar en Mujer bonita y Kiefer, era el rebelde sin causa de una familia inglesa peso pesado en Hollywood: su padre es el actor Donald Sutherland. Como en la película que la catapultó a la fama, había ciertos aires de Cenicienta en el romance, una historia que siempre conmueve al público, que ya amaba la pareja que conformaban. Se los veía inseparables, pronto se comprometieron y anunciaron su boda para el 14 de junio de 1991.

Pero unas semanas antes de la (no) boda, sufrieron una fuerte discusión y se distanciaron. Él se mudó a un departamento y se hizo habitué de un club nocturno llamado Crazy Girls , donde conoció a Amanda Rice, una empleada del lugar a quien visitó varias noches seguidas y le llegó a regalar un viaje a Disney para que vaya con sus hijos. Tanto el dueño del local como las compañeras de su nueva amiga alertaron a la prensa y el escándalo enloqueció a Julia, que no le tembló el pulso para cancelar la boda tres días antes.

 

 

El mismo día que sería la ceremonia, la actriz viajó a Irlanda con Jason, escapándose de todo. 25 años después de la mediática separación, Kiefer desenterró el polémico asunto y destacó la valentía de su ex por haber suspendido el enlace cuando su magnitud había alcanzado ya unos límites insoportables para una pareja que había perdido el entusiasmo de los primeros tiempos. “Creo que estaba siendo honesta consigo misma y en el fondo sé que hizo lo correcto. El tiempo ha demostrado que era lo mejor que podía haber pasado, porque la boda que se suponía era solo para nosotros, terminó siendo demasiado grande. Y ahí, en medio de todo ello, tuvo la valentía de… no creo que quisiera hacerlo, pero al final hizo acopio de todo su valor para decir en medio de toda esa locura: ‘No puedo hacerlo'”, reflexionó el actor de la serie 24 en el programa The Jess Cagle Interview. Finalmente, el tiempo todo lo cura.

Luego llegaría el verdadero amor a la vida de Julia, su actual marido. Se conocieron en el set de la película La Mexicana, que la actriz protagonizó junto a Brad Pitt en 2000, cuando ella aún estaba saliendo con Benjamín Bratt y Moder estaba casado con Vera Steimberg, que estaba embarazada. No fue fácil el comienzo, pero él pidió el divorcio y un año más tarde, en julio de 2002, lograron casarse. Ella en cada entrevista que brinda, manifiesta que él salvo su vida y le dio todo lo que necesitaba, un hogar al cual querer volver cada día.

Una estrella cercana

Podría afirmarse que el secreto de su éxito, es que Julia inauguró un nuevo tipo de diva, natural e independiente, que representaba un sueño tangible para muchas mujeres. Sin necesidad de cirugías ni filtros, el encanto estaba en sus largas piernas flacas, en los ojos, el pelo y, sobre todo, en la sonrisa. Su magia consistía en mostrarse tal como era. Incluso en la actualidad, su modo de vida puede ser la de cualquier madre: practica gimnasia para mantenerse, cocina para sus amigos, lleva a sus hijos a la escuela y clases de fútbol, no le teme al paso de los años. Suena tan terrenal (¡pese a sus millones!) que por eso no sólo ganó múltiples premios como Globos de Oro y un Oscar, sino también fue la reina de los People’s Choice Award, el premio que vota el público y que ganó en varias ocasiones.

Desde Instagram milita la belleza natural. Hace dos años subió una foto sin maquillaje a su cuenta personal con el siguiente texto: “Superponemos nuestras caras con toneladas de maquillaje. Recibimos bótox e incluso nos matamos de hambre para llegar a la talla perfecta. Tratamos de arreglar algo, pero no se puede arreglar lo que no se puede ver. Es el alma la que necesita cirugía. Es hora que tomemos una postura ¿Cómo puedes esperar que alguien te ame si no te amas a ti mismo? Tienes que ser feliz contigo mismo. No importa cómo te ves en el exterior, lo que está en el interior es lo que cuenta. Hoy, quiero poner una foto sin maquillaje. Sé que tengo arrugas en mi piel pero hoy quiero que vean más allá de eso. Quiero que abracen a mi verdadero yo y quiero que abracen lo que son, como son, y amen la manera como son”. También afirmó que no se afeita sus axilas, que recicla y que cocina todo lo que consumen sus hijos.

 

De perfil bajo, es reacia a dar notas salvo que tenga que promocionar una película. Ni siquiera se sube a cada proyecto al que la convocan. “En mi familia nos podemos dar el lujo de hablar durante la cena, de reducir nuestra huella en el medio ambiente cuando preparo a mis hijos su almuerzo para el colegio en recipientes reutilizables. Me encanta cocinar a cualquier hora. Disfruto hasta haciendo la colada. Sé que mi situación es única pero también sé que me he ganado el derecho a quedarme en casa y disfrutar de ese lujo si quiero”, dijo hace poco a El País.

¿Qué es lo que mueve sus días? Su marido y sus tres hijos: “Para mí el momento más lindo de todos es la hora de dormir. Me encanta contarles historias o leerles cuentos muy cortos. Estoy segura de que esta tradición ha contribuido a que tengamos una excelente comunicación. Mi corazón se expande cada vez que los veo en sus camitas”, aseguró. Sin dudas, su mejor final feliz.
Por: Paola Florio

 

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