Más de 10 mil personas peregrinaron a Loreto: «Seamos testigos del amor hacia los más pobres y necesitados»

Este fin de semana, la diócesis de Posadas, vivió una  fiesta en el Santuario de nuestra Señora de Loreto, con la presencia de miles de fieles, que llegaron caminando, bicicleta, en colectivos, en autos.

La XVIII Peregrinación de Loreto fue enviada por Monseñor Juan Rubén Martínez, desde la parroquia Nuestra Señora de Fátima, y en ese momento toda la diócesis se puso en movimiento rumbo al Santuario.

Caminaron uniendo distintas ciudades, acompañados por la policía de Misiones, gendarmeria nacional, enfermeros y un grupo gigante de servidores. Durante toda la noche se pudo vivir una verdadera fiesta, iluminados por  espectacular luna, siendo recibidos por las distintas comunidades que se prepararon de manera especial para recibir a los peregrinos.

Durante toda la noche, en el Santuario hubo adoración al Santísimo y distintas oraciones, para darle fuerza a los peregrinos.

Al amanecer, pasadas las 4 de la mañana, los bici peregrinos partieron de Posadas, después de recibir la bendición del padre Pedro Ferrari Eran más de 400 que llevaban la imagen de Maria de Itatí y también de María de Loreto.

La misa central,  por la mañana en Loreto, fue presidida por Monseñor Juan Rubén Martínez y concelebrada por todos los sacerdotes de la diócesis de Posadas, iniciando así el Año Diocesano Mariano. Allí, el obispo diocesano pidió “ser testigos del amor hacia los más pobres y necesitados”.

Con la misa de acción de gracias terminó la XVIII Peregrinación Anual a Loreto. La misa fue en memoria de nuestros Santos Mártires de las Misiones, San Roque González de Santa Cruz, San Juan del Castillo y San Alonso Rodríguez, junto a nuestra Madre de Loreto, patrona de las Misiones. Fue un momento para profundizar la memoria de la evangelización, y renovar nuestra fe para proyectarnos en el ardor misionero. También para comprometernos con María a ser testigos del amor hacia los más pobres y necesitados, como lo fueron los Santos Mártires.

Durante la homilía, el Obispo, agradeció a los medios que acompañaron la transmisión de la Peregrinación y sobre todo a la gente durante meses se prepara esta peregrinación expresando el compromiso evangelizador. Además, destacó la gran devoción de nuestro pueblo hacia María, que se ve reflejada en los peregrinos que llegaron caminando, en bicicletas, en colectivos o en autos, para celebrar la fe y la vida en tantos siglos de evangelización.

“María está con nosotros, junto al Espíritu Santo que acompaña a nuestra Iglesia hasta el fin de nuestro tiempo. Tenemos la certeza en la Esperanza de que no estamos solos, que estamos acompañados por el Espíritu Santo y por María”, dijo Monseñor y recordó que María es Nuestra Madre, porque Jesús así lo dijo al pie de su cruz, nos entregó a María como Madre y que durante el año Mariano vamos a vivir momentos muy fuertes en torno a María.

El obispo también remarcó que anunciarlo a Jesús no es fácil, anunciar el camino que Él nos propone no lo es, pero que tenemos que ser testigos de Cristo, no porque seamos perfectos, sino porque verdaderamente experimentamos su amor y queremos compartirlo con los demás. Ese Amor verdadero que da la vida por nosotros, porque “amar es dar la vida, hoy a el consumismo a transformado hasta la palabra amor y dicen amor a cualquier cosa para utilizar a los demás como objetos. Se habla del amor de una manera mercantil, pero amar es dar la vida, es entender que toda persona es profundamente digna, todo ser humano es imagen y semejanza de Dios, por es el amor a la vida en todas sus etapas; a los niños por nacer, a los niños necesitados, a los jóvenes a ellos queremos tenerlos porque la tarea evangelizadora es la tarea de la Caridad”, dijo.

Para finalizar, Monseñor, llamó a no combatir la violencia de quienes nos odian con violencia, sino hacerlo desde la caridad, porque nuestra respuesta será Evangelizar desde Caridad, aunque nos cuente el martirio, dijo y nos invitó en este tiempo complejo a ahondar en nuestra fe en Jesucristo y demostrar esa fe y compromiso a través de nuestro estilo de vida, porque lo único que nos puede salvar es el amor, el único camino es la caridad de verdad, que tiene sus exigencias y está ligada a veces al sufrimiento, pero Dios es Amor y debemos recordarlo siempre y por eso nuestra respuesta será desde la caridad y sobre todo siendo testigos del amor hacia los más pobres y necesitados. Debemos aumentar nuestra misericordia hacia todos y para ello pidamos a María que nos ayude y nos lleve a Jesús.

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