Día Internacional del Beso: por qué se celebra el 13 de abril

La historia atesora besos icónicos que quedaron grabados a fuego en la memoria colectiva. Uno de los más recordados, sino el más, es el registrado por el fotógrafo prusiano Alfred Eisenstaedt en pleno Times Square: fue cuando el marinero George Mendonça, después de concluir la Segunda Guerra Mundial, sorprendió a la enfermera Edith Shain en la esquina más emblemática de Nueva York.

Ese momento, sin embargo, no es el motivo por el que se celebra, cada 13 de abril, el Día Internacional del Beso.

El Día Internacional del Beso se celebra el 13 de abril después de que una pareja tailandesa se impusiera en un concurso, en 2013, con el beso más largo de la historia: se extendió por 58 horas, 35 minutos y 58 segundos y entraron al Guiness de los récords.

Quienes estuvieron casi dos días y medio besándose son Ekkachi y Laksana Tiranarat, un guardia de seguridad de 44 años y su esposa, de 33. Cuando fijaron esta marca, derrotaron a una pareja gay que desistió de seguir a los besos dos minutos antes que ellos.

​En aquella ocasión ganaron un premio cercano a los 3.300 dólares y dos anillos de diamantes. La compulsa se hizo en un centro comercial de la ciudad de Pattaya, situada a 165 kilómetros de Bangkok, la capital de Tailandia.

En aquel hilarante concurso participaron nueve parejas, las que debían acomodarse en las posiciones más extrañas para no cansarse porque las reglas eran que no se sentaban ni despegar sus labios, ni siquiera para tomar agua. Sólo se les permitía beber a través de un sorbete y cada tres horas, ir juntos al baño, pero sin separarse. Las condiciones eran tan extremas que muchas parejas abandonaron pronto la competencia.

Los Tiranarat habían ganado en 2011, cuando habían estado con los labios pegados durante 46 horas, 24 minutos y 9 segundos. De esa forma, habían batido el registro Guinness fijado en el año 2009, cuando el beso de una pareja alemana duró 32 horas, 7 minutos y 14 segundos.

Qué generan los besos en el organismo

Al momento del beso, el cerebro produce oxitocina, la hormona del amor. Se genera en el sistema nervioso central, concretamente en el hipotálamo. Desde allí se transfiere a la hipófisis, una glándula que está en nuestro cerebro, donde se almacena y de allí se secreta cuando se necesita.

Esta hormona influye en funciones donde se establece un lazo entre dos personas, como el enamoramiento, el orgasmo, el parto y el amamantamiento, y está asociada con la afectividad, la ternura, el tacto cariñoso… Al besar, el cerebro también libera endorfinas, a las que se atribuye que combaten el desánimo y evitan caer en la depresión.

Un estudio realizado por la Universidad de Viena demostró que, cuando una persona funde los labios con su pareja en un beso apasionado, las pulsaciones cardíacas pasan de 60 hasta 130 por minuto, se libera adrenalina y baja el colesterol. Se sabe que a la hora de besar, se contraen 29 músculos de la cara.

Fuente: Clarín