
Por Natalia López Gómez
La sesión ya venía cuesta arriba para el Gobierno. Había tenido que retirar uno de los capítulos centrales de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada por la presión social y la falta de votos. Cuando el oficialismo intentaba dejar atrás el fracaso del capítulo sobre tierras y seguir con el resto del proyecto, Joaquín Benegas Lynch tomó la palabra, atacó a los “tibios del medio” y terminó de romper una negociación que ya pendía de un hilo. Patricia Bullrich le pasó factura por poner en riesgo los votos que el Gobierno necesitaba para avanzar.
Todo empezó cuando Benegas Lynch respondió a la impugnación de la senadora Juliana Di Tullio, quien había cuestionado que participara del debate por ser dueño de una empresa dedicada a gestionar inversiones y ventas de tierras para extranjeros.
Aunque el capítulo sobre la venta de tierras ya había sido retirado, el libertario aprovechó su intervención para descargar su enojo y responsabilizó por ese retroceso al “show mediático”, a la izquierda y a los “tibios del medio”. Sus palabras cayeron como una bomba entre los aliados, que ya venían pagando el costo de defender un proyecto impopular y terminaron señalados por uno de los propios libertarios.
Bullrich intenta apagar el incendio
Bullrich había pasado toda la jornada negociando voto por voto para evitar una derrota mayor. Por eso, las palabras de Benegas Lynch fueron recibidas como un golpe propio.
Según reconstruyeron fuentes parlamentarias, la exministra de Seguridad estalló contra el baterista de la banda presidencial por dinamitar una negociación que ya venía al límite. “Nos hiciste perder los votos”, le habría recriminado, convencida de que el discurso del entrerriano terminó de romper la frágil relación con los aliados.
Benegas Lynch eligió el silencio. Minutos después de la votación, publicó un escueto mensaje en redes, con una sonrisa de triunfo que contrastó con el malestar que había dejado entre sus propios aliados.
La pelea dejó una advertencia para la Casa Rosada. Con apenas 21 senadores propios, La Libertad Avanza depende de esos aliados a los que Benegas Lynch decidió llamar “tibios”.
Después de una sesión cargada de reproches, el desafío del Gobierno ya no pasa solo por conseguir votos; también por reconstruir una relación que quedó dañada.
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