
Hacía minutos que Agustina de Lucía se había colgado la medalla plateada en los Juegos Suramericanos. La judoca argentina se cruzó con el móvil de C5N y contó que, luego de perder el bronce en los últimos Juegos Panamericanos, le sacaron la beca. Su mamá tuvo que vender budines para ayudarla. Habló también de su futuro inmediato: «El lunes tengo que salir a buscar laburo». Micaela Levaggi, con un histórico oro en atletismo, financió su preparación haciendo rifas. Fernanda Russo, medalla dorada en tiro, dijo que el medallero de Santa Fe era «mentiroso». «Ganamos con el corazón, pero necesitamos plata», agregó.
Los juegos regionales de Santa Fe y, también, el título mundial de las Leonas, se convirtieron en una gran celebración para los amantes del deporte nacional pero, a la vez, en una caja de resonancia del paso de la motosierra libertaria por el mundo del alto rendimiento. Si sobre eso se expone la crisis terminal que atraviesan los clubes de barrio de donde salen los Enzo Fernández, los Leandro Paredes o los Julián Álvarez, la foto de la descomposición se agiganta. Parafraseando al secretario de Turismo y Deportes, Daniel Scioli, el deporte argentino vive a fe y esperanza. El resto es abandono. Total y absoluto abandono.
La motosierra del Pichichi.
Scioli, el hombre de las mil pertenencias, pasó de intentar instalarse como la cara visible del deporte popular, cuando militaba en el peronismo, a ser un activista internacional por las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). Un salto similar al que se reflejó este fin de semana, cuando los amantes del archivo contrastaron su alegría con el triunfo de Flavio Bolsonaro del domingo con su pasado fan de Lula. Y con su nuevo traje de funcionario libertario no titubeó a la hora de responder a las expectativas de ajuste que cruzan, como dogma, todas las partidas presupuestarias de la Nación.
Los números de su gestión son tan contundentes como dramáticos. Según el análisis del Observatorio del Deporte Táctica, basado en datos oficiales, el presupuesto deportivo nacional cayó 68% en términos reales entre el primer semestre de 2023 y el mismo período de 2026. Pero ese número ni siquiera alcanza para reflejar la realidad del ajuste en el financiamiento del deporte. Si se limpian del cálculo gastos administrativos y se hace foco en los presupuestos centrales, el tijeretazo es del 82,8% en el deporte comunitario y del 75% en el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (ENARD). El ajuste se pone directamente criminal en las partidas para competencias nacionales y en lo que se destinaba a clubes de barrio: entre el 98% y el 99% de recorte. Real.
La motosierra en las becas.
Una buena vara para medir qué lugar le da el Gobierno al deporte es la cantidad de becas para atletas de alto rendimiento. De 1280 deportistas y entrenadores en 2024 cayó a 980 en 2025. Y ese número no paró de empeorar. En agosto de este año, justo antes de los Juegos Suramericanos, el registro publicado por ENARD tenía apenas 807 personas: 515 atletas y 292 entrenadores/auxiliares.
Pero además de bajar la cantidad de becados, los montos de esas becas son bajísimos y, en algunos casos, irrisorios. Cada atleta medallista en los juegos de Santa Fe recibirá, por ese logro, una mensualidad que varía de los 540.000 a los 800.000 pesos, dependiendo de algunas variables (como el lugar en el podio). En el máximo nivel posible, ser medallista en Juegos Olímpicos, las becas del ENARD pueden llegar a 1.700.000 pesos.
A esa suma máxima pueden aspirar, por caso, las integrantes de la Selección Femenina de Hockey sobre Césped. Las Leonas. Campeonas del mundo hace apenas unas semanas, no perdieron esa oportunidad para exponer que mientras el presidente Javier Milei las celebra en X, no les alcanza para garantizar dos comidas diarias. «Somos profesionales en lo deportivo, pero amateurs en el pago», dijo Victoria Granatto, una de las figuras del equipo.
De la autarquía a la dependencia y el vaciamiento.
La debacle empezó en 2017, cuando el gobierno de Cambiemos destruyó una política de Estado para mejorar sus cuentas. El ENARD, creado por ley en 2009, se sustentaba con la carga de un 1% que se pagaba con cada boleta de telefonía celular. Mauricio Macri, otro que llegó a la política formal desde la política deportiva, eliminó ese financiamiento autárquico y específico para poner al sistema de alto rendimiento como una cuenta más del presupuesto nacional. De ahí en adelante, fue un tobogán.
Con lo que se recaudaba en 2015 equivalía a unos 46 millones de dólares. Hoy, el presupuesto para el ENARD no llega a los 13 millones. Un ajuste real, en moneda dura, superior al 70%. Si sobre eso se aplica además el impacto de otro fenómeno, la inflación en dólares, la caída llega casi al 80%.
Sobre esto, una particularidad: cuando el ENARD se financiaba con la telefonía celular, lo recaudado iba en forma directa a su cuenta. Hoy, al ser el Tesoro nacional el que dispone las partidas, hay que golpear decenas de puertas rogando que se hagan las transferencias y que el presupuesto asignado se ejecute. Queda a gusto del ejecutor, Scioli; o en la buena voluntad del que habilita los pagos, el ministro de Economía, Luis «Toto» Caputo.
Un mondongo olímpico.
Antes de los Juegos Suramericanos, durante la primera semana de septiembre, Santa Fe fue sede también del Mundial Juvenil de Aguas Abiertas. Algunas delegaciones, como las de Eslovenia, República Checa o Australia, pidieron y fueron autorizadas a hospedarse en el CENARD, el centro de alto rendimiento del ENARD. Pudieron ser cronistas del abandono.
Una de las primeras cosas que notaron es que varios de ellos, por su biotipo (sobre todo los australianos), no entraban en algunas de las camas. Aires acondicionado que no funcionan y cosas por el estilo, en varias habitaciones. Pero lo que más les llamó la atención fue la comida. El menú, uno de esos días, era mondongo. «Ante el riesgo de una descompostura, los tipos se fueron a comer afuera», cuentan empleados.
Por eso mismo pasan, permanentemente, los atletas argentinos que entrenan y viven en el CENARD. Cobrando becas miserables que, en muchos casos, usan para comprar su propia comida y evitar el menú completamente alejado de las necesidades de un atleta de alto rendimiento.
Un atleta se hace.
No es casual que Russo, la medallista en tiro, haya hablado de un «medallero mentiroso». Los excelentes resultados que obtuvo la delegación argentina en los Juegos Suramericanos poco tienen que ver con la realidad del deporte nacional.
Esto tiene una explicación lógica. Un atleta es como una fruta: se planta la semilla, crece el árbol y, luego de unos años, llegan los frutos. Eso, en el mejor de los casos, puede traducirse en un título mundial o una medalla olímpica o panamericana. «Formar a un deportista de alto rendimiento requiere entre ocho y doce años de trabajo sostenido», dice Pablo Pascualini, magister en formación y desarrollo del rendimiento deportivo. Por eso, aclara, «lo que hacemos o lo que dejamos de hacer hoy tendrá impacto en los resultados futuros, del mismo modo que buena parte de los resultados que vemos actualmente tiene sus raíces en decisiones, políticas y procesos que comenzaron muchos años atrás».
Dicho de otro modo: el resultado del desfinanciamiento en la formación y acompañamiento de atletas de alto rendimiento no es el que se vio en los resultados de los juegos de Santa Fe o en el mundial ganado por las Leonas. Probablemente, se pueda empezar a verificar en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 2028. O en Brisbane, Australia, en 2032. Medallero mentiroso.
El ajuste en las cunas de campeones.
Los dientes filosos de la motosierra se sintieron en los clubes de barrio apenas Milei puso un pie en la Casa Rosada. A los dos o tres meses de iniciada la gestión libertaria les cortó los descuentos que tenían en los servicios que, a su vez, se disparaban. Eso afectó a entre 6000 y 8000 clubes inscriptos en el Registro Nacional de Clubes de Barrio y de Pueblo, creado por la ley 27.098, en 2014, que podían acceder a ese beneficio. El universo total de clubes, en el país, es de más de 20 mil.
La motosierra que Milei le prestó a Scioli siguió por todos los programas de estímulo y financiamiento que había para los clubes: Clubes en obra (infraestructura básica), Hay equipo (becas para que chicos beneficiarios de la AUH hagan actividades en clubes) o los históricos Juegos Evita, de los que participaban más de un millón de chicos y chicas entre 2022 y 2023 y, con la gestión del exmotonauta y exgobernador bonaerense, cayó a 300 mil.
No se salva ni el de Enzo.
En los clubes el impacto fue doble. Por un lado, se les disparó el gasto para pagar las tarifas y, por el otro, les cayó groseramente el cobro de cuota social.
«La recaudación del club, comparada con agosto del año pasado, bajó un 60%. Esto hablando de las actividades, como la pileta o el fútbol. Todo esto, con más de 30% de inflación y el aumento de luz y gas por encima de la inflación». La descripción es de Diego Indycki, revisor de cuentas del club 12 de Octubre de Quilmes y, a su vez, presidente de la Unión de Clubes de Barrio de la provincia de Buenos Aires.
«Somos solidarios, no les vamos a decir a los pibes que no vengan. Los chicos siguen viniendo, pero la plata no la tenemos», avisa Indycki mientras, sobre su escritorio, mira las facturas de luz y de gas por pagar: dos y cuatro millones de pesos, respectivamente.
«De acá salió Enzo (Fernández), y el club creció a la vista de los demás, pero nada más que eso. Seguimos siendo un club como cualquier otro, con la misma cuota social y las mismas actividades», arranca Sergio Cóseres, presidente del club La Recova, de San Martín.
Los problemas en el club donde tiró sus primeras pisadas el campeón del mundo no son distintos al del resto de los clubes. «Veníamos pagando 200 mil pesos de luz y se fue arriba de 600 mil. Cambiamos los viejos tubos por luces led. Bajamos el consumo pero igual, estamos pagando ahora boletas de 700 a 800 mil pesos. El agua, por suerte, tenemos 50% subvencionado por el municipio».
Eso se contrapone con una novedad: en los últimos años el cumplimiento del pago de la cuota social se va desinflando a medida que avanza el año. «Arrancamos con cumplimiento del 90% y a fin de año con suerte estamos en el 40% o 45%», explica el presidente del club. Cuando hablan con las familias, les explican que muchas tienen que recortar gastos por problemas laborales o de ingresos. La cuota social de La Recova es de 2000 pesos por mes. Dos. Mil. Pesos.
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Por Nicolás Fiorentino