Día Nacional del Comercio

En honor al renombrado Dr. Manuel Belgrano, cada 6 de noviembre en Argentina se celebra el Día Nacional del Comercio.

Desde hace muchos años, el comercio es la actividad que permite el intercambio de bienes y servicios entre los productores y los consumidores, algo básico para el desarrolo de toda sociedad. Gracias al comercio, se cambia lo que se tiene para ofrecer en el mercado y se adquiere lo que se necesita. En Argentina, cada 6 de noviembre se reconoce la importancia de este intercambio a través del Día Nacional del Comercio.

El doctor Manuel Belgrano, como abogado experto en Economía Política y Derecho Público, bregó con convicción incesante para conseguir el objetivo de la apertura de los puertos de Buenos Aires, coincidiendo con los reclamos de los ganaderos y agricultores que perseguían la libertad para comerciar con sus productos, que eran muy codiciados no solo en el mercado interno sino también en el externo.

En respaldo a dichas inquietudes, y  como secretario del Consulado desde 1794, Belgrano presentó un proyecto provisional al respecto; cuya trascendente iniciativa fue acatada inmediatamente por los pequeños grupos de comerciantes monopolistas.

Fue así como el 6 de noviembre de 1809, la Junta Consultiva convocada por el Virrey, aprobaba el comercio directo con los aliados y neutrales del Río de la Plata, dándole al Consulado, en persona de Manuel Belgrano, el gran espaldarazo a su irreductible posición económica para las colonias y colocando un hito para futuros acontecimientos que culminaron gloriosamente en 1810.

La educación y el comercio según Manuel Belgrano

Desde su etapa como estudiante en Europa, Belgrano vive obsesionado por la educación de los hombres y mujeres de su patria. Está convencido de que la ignorancia hace infelices a los pueblos. Su maestro Campomanes, uno de los grandes economistas españoles, le había revelado que la verdadera riqueza de los pueblos se hallaba en la inteligencia y que el fomento de la industria estaba en la educación.

En enero de 1794, se erige el Consulado de Buenos Aires para administrar justicia en pleitos mercantiles y fomentar la industria, la agricultura y el comercio. Desde su cargo en dicha institución, Belgrano le presta atención a la educación y, en cada una de las memorias que presenta anualmente, va diseñando la organización económica que se propone llevar adelante. Pero los monopolistas evitan los intentos de Belgrano de imponer sus ideas librecambistas.

«El comerciante debe tener libertades para comprar donde más le acomode, y es natural que lo haga donde se le proporcione el género más barato para reportar más utilidad», afirmaba el prócer.

Una de las medidas educativas que propone en ese entonces, es la creación de la Escuela de Comercio, con el objeto de aportar principios fundamentales de esa actividad.

«La ciencia del comercio no se reduce a comprar por diez y vender por veinte: sus principios son más dignos, y la teoría que comprende es mucho más elevada de lo que puede parecer a aquellos que sin conocimientos han emprendido sus negociaciones».

Sin embargo, el visionario no logra mantener en pie su idea de crear escuelas especializadas. El ilustre economista y educador proyectaba escuelas «para los hijos de los infelices, donde se les podía dictar buenas máximas e inspirarles amor al trabajo, pues en un pueblo donde reina la ociosidad, decae el comercio y toma su lugar la miseria«.

Manuel Belgrano, también lector – Compartir Cultura

Manuel Belgrano

El comercio y sus orígenes

Los orígenes del comercio se remontan a finales del Neolítico, cuando se descubrió la agricultura. Al principio, la agricultura que se practicaba era una agricultura de subsistencia, donde las cosechas obtenidas eran las justas para la población.

Pero a medida que iban incorporándose nuevos desarrollos tecnológicos al día a día de los agricultores, como por ejemplo la fuerza animal, o la utilización de diferentes herramientas, las cosechas obtenidas eran cada vez mayores.

Así llegó el momento propicio para el nacimiento del comercio, favorecido por dos factores considerados fundamentales: Las cosechas obtenidas eran mayores que la necesaria para la subsistencia de la comunidad. Y ya no era necesario que toda la gente se dedicara a la agricultura, por lo tanto una buena parte de la población comenzó a especializarse en otros asuntos, como por ejemplo la alfarería o la siderurgia.

Por lo tanto, los excedentes de las cosechas empezaron a intercambiarse por otros objetos en los que otras comunidades estaban especializadas.

Este comercio primitivo, no solo supuso un intercambio local de bienes y alimentos, sino también un intercambio global de innovaciones científicas y tecnológicas, entre otros, el trabajo en hierro, en bronce, la rueda, el torno, la navegación, la escritura, nuevas formas de urbanismo, etc.En la Península Ibérica este periodo se conoce como el Orientalizante, por las continuas influencias recibidas de Oriente.

El comercio, además del intercambio de innovaciones, también propició un paulatino cambio de las sociedades. Pues ahora, la riqueza podía almacenarse e intercambiarse cuando se considere necesario. Y así empezaron a aparecer las primeras sociedades capitalistas, tal como se conocen hoy, y también las primeras estratificaciones sociales.

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Fuente: centrodecomercio.org.ar / cpba.com.ar